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Los grupos chilenos y sus cada vez más frecuentes GIRAS INTERNACIONALES.
¿Así, con mayúsculas? Claro, muchos llegan fanfarroneando con relatos
rebosantes de glamour, premios, millares de aplausos espontáneos y
devotos: puro éxito.
Pero esta es la verdad, la pura verdad de un grupo (Familia Miranda) que es
a la vez todos los demás: los que han ido y los que irán. Es la historia
narrada por ellos -al instante- mientras llevan adelante sus primeras
presentaciones en el extranjero. Están en Europa y estos son los
sabrosos detalles cotidianos de este viaje.
LA GIRA
LA RECTA FINAL
Ha pasado un mes desde que la "gira" como tal terminó. En este momento, de
la “Familea Mirinda” quedamos acá sólo dos pelafustanes
(desgracia y psicópata urbano) resistiendo los embates del destino (?)
(sentido homenaje a mi compañero de andanzas Twin Reverb, que murió en
combate y ahora espera ser arreglado en Santiago en una casa de la calle
Marín), con la profunda y seria misión de seguir haciendo musicanga.
Mientras, recordamos a los que se fueron (trompeta, batería, teclado) hasta
volver a verlos una vez se recuperen de los graves estragos que la bacteria
asesina del ántrax ha causado en sus cuerpos, carcomiendo cada centímetro
de piel y nervio. Pero sabemos que se van a recuperar, tiren para arriba.
Mientras tanto, hemos estado revisando la pagina de Chilerock
periódicamente (me pregunto si alguien lee esta sección) Parece que al
comité creativo se le ocurrió ponerle títulos graciosos a cada reporte; me
parece estupendo.
F.M.
OH, MELANCOLIA. Fines de noviembre 2001. Hamburgo, Alemania
Al parecer la gira ya no es totalmente continuable. Al llegar a Hamburgo,
nos contactaremos con Tan Levín, quien tocó con mi socio de las cuerdas,
Katafú, durante los años ochenta, al mismo tiempo que mi socio del piano,
Oltra o Francisquiño, cantaba su famosa canción "... yo no soy de la U. de
Chile ni tampoco del Colo Colo…". En esa época, mi socio de los
tambores, terrorista urbano o Joselo Fugazi, cultivaba un look a lo Depeche
Mode.
Llegamos a Hamburgo medio preocupados por el asunto monetario: al
mantenernos tocando podíamos costear todos nuestros gastos. Probamos a un
sólo “serio” baterista y luego fuimos a proponer a Tan que
parchase en las fechas que quedaban. Aceptó. Con un par de ensayos bastó y
hasta salió un tema nuevo que se llama "Senora Irmita" en deshonor a un
típico comentario de "los Venegas" repetido innumerables veces por un
compañero de viaje.
Hamburgo es una ciudad muy tranquila, compararla con Santiago de Chile
sería como comparar el paseo Ahumada con San José de Maipo. A pesar de que
pasan muchas cosas. Todos los días hay recitales: de Paul Weller, Extreme
Noise Terror, con el chileno y “criminal” Anton Shwarzeneger,
los míticos Dickies, entre otras muchas. Hay buena cerveza y rara vez se ve
algún episodio de violencia, a pesar que en general frecuentamos los
barrios más colorados. Por otro lado hay miles de galerías de arte y esta
el Kunst Hölle de Hamburgo, que es uno de los museos con las colecciones
más importantes de Alemania y en el que también hay una exclusiva película
dirigida por Paul McCartney.
Entre otras floras y faunas, nos topamos con algunos chilenos notables
tales como Huevo Flaco y "lolo Mario" (inmortalizado en el nuevo disco de
Lafloripondio, disponible en todas las disquerías del país), quien fue y es
un gran apoyo para nosotros y nuestra “extranjereidad”. Huevo
flaco es una agrupación formada por el huevo, del cual sabíamos que fue
integrante de la banda ochentera "Índice de Desempleo" y otro el Flaco, un
trotamundos que salió de Chile buscando horizontes hace varias décadas.
Tienen que escucharlo.
Caminando por Hamburgo me doy cuenta lo difícil que es volver a enfrentar
todas las mierdas que uno tiene que sortear en Chile. A un estado que ni
siquiera se da el trabajo de cultivar el buen gusto y que aunque Santiago
jamás ha sido bombardeado, ha sido hecho pedazos miles de veces por
alcaldes, políticos negociantes y arquitectos de porquería que lo único que
quieren es que parezca Nueva York (ciudad que no existe más) Enfrentar
trabajos mal pagados y noches enteras de rock para, al día siguiente,
volver al laburo con caña y con una estupenda cara semidestruida. Para qué
hablar de algunos recitales que son interrumpidos por los "verdefuertes" y
que lo dejan a uno con ese sabor amargo de no poder tocar la ultima canción
o tener que pagar alguna multa para soltar a algún amigo que le encontraron
"cara de curao". Hacer música en Chile muchas veces es sinónimo de
infringir la ley, de ser un delincuente o un asesino en serie. No quiero
caer en el síndrome "Pepe Cortisona", decir que afuera todo es mucho mejor,
porque en Europa el rock es mierda también, pero se puede hacer, no tan
cómodamente, pero sin la necesidad de estarse peleando, siempre, con todo
el mundo.
Locales en los que tienes que pagar para tocar, teloneos a las grandes
bandas extranjeras de los primeros mundos en que uno pasa a ser un plato de
cartón tocando con el plato de fierro y otras ridiculeces componen la gran
parte de la escena chilena.
Por otro lado yo creo que Chile es símbolo de la autogestión: si no haces
todas las cosas por tu cuenta te cagan por todos lados, en general. Para mí
ha sido muy buena experiencia compartir actividades con bandas amigas como
Dia14, Enmascarados, Cacaguate Muerto, Fiskales, Cacuca Rural, La
Teleserie, Jirafa Ardiendo, Camello Hirviendo, Sensiblita, Vampiro Plástico
Made in Taiwan, GomitoCaliente, Dúo Calduo, Toponiño, Huevo Flaco, Tiburón
con Patillas, Cáncer, Congelador, Pánico, Miedo, Mota, Guiso, Cazuela,
Yajaira, Belial, Políticos Muertos, Lafloripondio, Cara de Chocolate,
Aguarrás, los Fabulosos Ganjas entre muchas otras bandas y personas que
participan del rock y también el roll.
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